En generar emociones se basan los 3 trucos de neuromarketing gastronómico que queremos ofrecerte:

 

 

Presencia de imágenes. El cerebro prefiere las imágenes. La mente procesa más rápido los estímulos visuales que el texto, y se recuerdan más los textos que van acompañados de imágenes que aquellos que carecen de ellas. Por ello es esencial que las imágenes estén presentes en tu restaurante. La carta de tu menú es el elemento que con toda seguridad leerá tu cliente, y es el lugar perfecto para incluirlas. Pero no basta con cualquier imagen. Hay que hacerlas especiales, poniendo énfasis en el detalle y resaltando aquello que hace únicos a tus platos. Muestra lo que quieres vender: la frescura de las ensaladas, la jugosidad de la carne, las virutas de chocolate sobre la copa de vainilla, las cerezas confitadas del pastel, la nata derritiéndose sobre el brownie recién hecho… Las fotografías tienen que abrir el apetito, provocar el deseo del comensal ante esos platos y hacerlos irresistibles al paladar.

Resultado de imagen para imagenes provocativas de comidaElección de los colores. Los colores son capaces de inspirar sentimientos. Cada color genera una sensación distinta en el cerebro, y por tanto hay que ser muy cuidadosos a la hora de elegir los colores para la sala del restaurante, para la mantelería, o el tapizado de las sillas. Como ejemplo te mencionaremos que el color rojo es capaz de despertar el apetito, mientras que el azul provoca lo contrario, lo inhibe. El amarillo produce acción y espontaneidad, y por ello es muy frecuente su uso en restaurantes de comida rápida, porque incita precisamente a comer rápido e irse, dejando libre una mesa que podrá ser ocupada rápidamente por otro cliente. El color beige transmite aburrimiento, y el color blanco y los tonos neutros generan amplitud y sensación de limpieza.

Imagen relacionadaNombres familiares. Las palabras son capaces de crear mundos en la mente del cliente y provocar sentimientos. A la hora de elegir los nombres para tus platos, tienes que ser creativo pero buscando siempre que los nombres tengan connotaciones familiares, para despertar en el comensal recuerdos, sabores, aromas o imágenes agradables relacionadas con su infancia y su familia, y al leer el nombre, les transporten a momentos felices que han vivido. Un ejemplo sería “tarta especial de chocolate de mamá”, “pollo asado al horno según la receta de la tía Luisa” o “merluza en salsa verde al estilo de la abuela”.

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