Cuando se relata la historia de la humanidad se evidencia una palabra que sin duda alguna es el gestor de los grandes cambios del mundo desde el origen de los tiempos, el conocimiento, el cual según su definición es la facultad del ser humano para comprender por medio de la razón la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas.                               El conocimiento no se obtiene producto de la generación espontánea, requiere de un camino en el que se incluye la experiencia como un factor catalizador del mismo.

En la actualidad la información ha generado toda una revolución en la gestión del conocimiento, una vez que se ha excedido por mucho las fuentes disponibles por medio de las cuales nos informamos día tras día. Cuando hablamos de que estamos en la sociedad de la información somos conscientes de que hemos sido desbordados por una “infoxicación” que tiende más bien a la desinformación, a la confusión.

Entonces este reto vigente y creciente define que el conocimiento implica una transformación de la información por parte del sujeto que conoce, es una construcción personal y social que está basada en la información, pero que no queda reducida a ella. Por lo general, en esta sociedad digital hay acercamiento a las redes más por novedad y curiosidad que por deseo de incrementar conocimientos.

El conocimiento supone una actividad intelectual de percepción, selección, procesamiento y apropiación de la información de interés. Su apropiación ayuda a construir un esquema cognitivo capaz de utilizarlo para resolver, interpretar e interactuar con la realidad en la que se desenvuelva el ser humano y más en una era en la que existe un agente de cambio constante como el internet.

Igual el internet y la era digital son solo una herramienta y una época en la historia del ser humano, el conocimiento aportará valor en la medida que apliquemos estas claves influenciadas por el cambio tecnológico y la revolución cognitiva que supone.

 

Gestión vs. transformación de la data: lo importante no es la gestión de los datos (Big Data), sino la transformación de los mismos, generando información derivada del análisis. El acceso a una información más abundante que nunca ya no supone ventaja competitiva.

Medición vs. Arte e intuición: los datos no son necesariamente predictores del futuro en entornos disruptivos. El futuro habrá que inventarlo proponiendo nuevos usos, aplicaciones, mercados, etc. Se requiere intuición alimentada de experiencia y conocimiento. La capacidad de sintonizar emocionalmente, dentro y fuera de la organización, se hace esencial.

Ideas vs. Capacidad de implementación: las ideas carecen de valor si no hay capacidad posterior de puesta en marcha.

Digital vs. Global: etiquetas como ‘digital’, ‘mobile’, etc. carecen de significado adicional. El profesional ya se desarrolla en red, priorizando éstas sobre jerarquías, así como transparencia sobre privacidad; tiene plenamente incorporados esos talentos digitales enfocados hacia un mundo global.

Juventud vs. Experiencia: la juventud asociada a la gestión de nuevas herramientas, asunción de lo digital, etc. dejará de ser un valor en sí misma. Capacidades tradicionalmente vinculadas (flexibilidad, adaptabilidad, etc.) han de ser transversales.

Planificación vs. Sorpresa: el talento priorizará capacitación sobre control, urgencia sobre planificación y adaptabilidad sobre eficiencia. El rápido se comerá al bueno.

Propósito vs. Beneficio: un talento honesto comprometido con sus valores y el entorno en el que actúa.

Seguridad vs. Humildad: el talento en crecimiento continuo, un talento en formación permanente en habilidades, conocimientos y herramientas. La pasión como catalizador.

Desintermediación vs. Intermediación invisible y eficiente: si bien el nuevo entorno seguirá siendo intermediado, lo será de manera más eficiente en la intermediación, menos visible y proporcionará mayores oportunidades para todos los implicados en la cadena de valor. Con la fugacidad que impone el cambio constante.

Remuneración tradicional vs. Remuneración por aportación de valor: el reto para las organizaciones será integrar perfiles de especialistas, donde éstos sean remunerados en función de su aportación de valor a proyectos concretos. El profesional con el logotipo de su empresa tatuado en el pecho dará paso al que demuestre capacidad para generar valor a un proyecto en un momento determinado.

Porque aunque la tecnología está presente,  aún depende exclusivamente de nosotros transformar la información en conocimiento.

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